¿Alguna vez te has sentido incómodo al estar en un grupo donde se habla mal de alguien que no está presente? ¿O has acumulado tanto malestar que, cuando al fin lo expresas, termina saliendo de forma explosiva e incómoda para todos?
Una de las habilidades más trabajadas en procesos de coaching y talleres es la comunicación. Dentro de este gran paraguas, la asertividad es una de mis favoritas, porque contribuye directamente al equilibrio y a la armonía en las relaciones, tanto con otros como contigo mismo.
Cuando aplico encuestas de clima laboral o evaluaciones de desempeño en organizaciones, noto que uno de los elementos que a menudo aparece presente es la comunicación indirecta. Me refiero a mensajes que se transmiten a personas que no son las involucradas, los famosos “chismes” en los que se opina desde el sesgo personal sobre una situación o alguien más. Esto resulta ser un tema conflictivo y que toma la energía de muchas personas, y lo peor, es que termina contaminando la percepción sobre esas personas y alimentando creencias equivocadas.
También es común encontrar grandes desahogos emocionales en conversaciones 1:1 entre personas de las empresas (ya sea por teléfono o en persona), donde se vuelve un festín hablar de personas, detalles y perspectivas que no corresponden en el como. Todo esto es una forma NO asertiva de comunicarse.
Cuando actuamos así, solemos movernos entre dos polos:
La pasividad, donde callamos, acumulamos y tragamos malestar.
La agresividad, donde explotamos cuando ya no podemos más.
Ambas formas son inadecuadas y contribuyen a un mal liderazgo, un clima laboral conflictivo, relaciones poco evolucionadas y sobre todo de patrones viciosos.
Hace unas semanas, un coachee me comentó que se sentía incómodo en grupos de trabajo donde se hablaba mal de otros colegas. Descubrimos que una forma de recuperar su comodidad y no quedarse en el polo de la pasividad era expresarlo con respeto, diciendo que prefería plantear directamente a la persona implicada lo que no le parecía y no a sus espaldas. Aunque a veces es difícil atreverse a plantear ideas contrarias o distintas, trabajar los miedos detrás de esa incomodidad y reforzar creencias como “ser honesto y claro construye relaciones sanas y prósperas, aunque sea incómodo” puede ayudar enormemente para dar el paso.
Entonces, ¿qué es realmente la asertividad?
Es encontrar el punto medio y decir, a la persona adecuada, en el momento adecuado, con el tono, las palabras y el canal adecuados, lo que pienso, siento y necesito para sentirme en equilibrio en la relación. Y, algo clave: hacerlo directamente, sin implicar a terceros.
Esto aplica tanto para lo laboral como para lo personal. La realidad es que tu espacio de control son tus palabras, tus acciones y tus decisiones. Solo puedes influir positivamente si usas formas adecuadas para hacerlo y elegir de qué manera quieres participar en el mundo.
La comunicación asertiva nos invita a buscar el equilibrio, construir acuerdos, encontrar caminos y trabajar las relaciones desde la honestidad, la transparencia, el respeto y la autoconsciencia. Decir lo que tengo en mente, de forma adecuada, cuida al otro y también me cuida a mí. Me da libertad y me permite construir desde un lugar de madurez y comodidad.
En resumen:
– La asertividad NO es callar, ni explotar: es expresar con claridad, respeto y oportunidad.
– Evita la comunicación indirecta: no alimentes chismes ni desahogos innecesarios.
– Cuida el qué dices, cómo lo dices, a quién y cuándo.
– Es una habilidad que se entrena, y practicarla transformará tus relaciones y la cultura en la que estás inmerso.
La mejor manera de promover estas prácticas es partiendo por ti mismo. Con cómo te hablas, qué tan honesto eres contigo, y qué tan consciente eres de tus necesidades y emociones. Luego, practica esta comunicación hacia afuera lo más fielmente posible, cuidando tu asertividad.
¿Te gustaría trabajar en tu comunicación asertiva y encontrar más equilibrio en tus relaciones? Estamos aquí para acompañarte.

